 Los gatos sienten dolor, alegría, ansiedad, temor o rabia, exactamente como nosotros, pero, al no tener un centro de elaboración del lenguaje como el nuestro, se expresan valiéndose de lo que la naturaleza les ha puesto a su disposición: los movimientos del cuerpo y un sistema de comunicación vocal basado en la modulación y en la intensidad del sonido. La posición de la cola, la angulación de la cabeza, los movimientos de los bigotes y de las víbrisas, y la expresión facial son su vocabulario. Los cachorros corren hacia la madre con la cola alzada y vibrante, exponiendo su región genitoanal para el examen y la limpieza. Esta misma posición se mantiene en el adulto como un signo de confianza y de amistad. Cuando el gato percibe una amenaza se tensa e hincha la cola. Si está nervioso, la tiene bajada golpeando el suelo, mientras que una clara señal de agresividad es el movimiento ondulante, como un flagelo. Los bigotes y los largos pelos situados sobre los ojos (víbrisas) son potentes órganos sensoriales y, a la vez, un instrumento para expresarse. El gato curioso dispone los bigotes en abanico mientras examina un objeto; cuando está furioso los coloca hacia adelante, y los aplana sobre las mejillas cuando está a la defensiva. Otros elementos que utilizan para comunicarse son la orejas y los ojos. Un gato tranquilo tiene las orejas rectas, pero las gira hacia el exterior, contrayendo al mismo tiempo las pupilas, cuando siente algún motivo de cólera. El miedo, en cambio hace aplanar las orejas sobre la cabeza y dilatar las pupilas. El gato tiene también un registro vocal muy rico, que usa según el carácter: hay gatos locuaces y gatos taciturnos. Según estudios, la mano que acaricia a un gato percibe unas vibraciones que se difunden por todo el cuerpo y producen efectos benéficos sobre el sistema nervioso y circulatorio. El gato no sólo ronronea cuando está tranquilo y feliz, sino también en situaciones de sufrimiento y miedo. El gatito empieza a jugar a los veinte días aproximadamente. Tan pronto como consigue mantenerse en equilibrio sobre sus cuatro patas, ya es capaz de atrapar una cuerdecita que cuelgue delante suyo. En los siguientes veinte días la situación evoluciona y el juego pasa a ser colectivo. El ovillo de lana o la pelota son presas potenciales que el gato persigue y hace saltar con las patas anteriores. Si la pelota desaparece debajo de un mueble, su patita se convierte en una zarpa que utiliza hábilmente como gancho, o bien él mismo se desliza por debajo del mueble para recuperarla. A veces el gato pasa la pata con gran presteza por debajo de la pelota, la tira hacia atrás por encima de la cabeza, y luego la atrapa con un salto parecido a una cabriola. El sueño tiene tres estadios: uno ligero, uno profundo y uno muy especial que está entre el sueño y la vigilia. En este último estadio los gatos transcurren la mayor parte de su tiempo. En el primero mantienen el tono de los músculos del cuello y del tronco. El sueño profundo, en cambio, se caracteriza por una serie de movimientos rápidos del globo ocular debajo de los párpados cerrados o entreabiertos. Todo el cuerpo tiende a estirarse y pueden producirse pequeños sobresaltos musculares. Los dos estadios se alternan con un ritmo de 6 ó 7 minutos de sueño profundo y de 20 a 30 de sueño ligero. Incluso en el estado de consciencia más bajo la actividad del cerebro es tal que el animal reacciona de inmediato ante la más mínima señal de peligro. El estadio intermedio es el más feliz y envidiable. En esta fase, el gato logra ausentarse de todo lo que le molesta sin disminuir la actividad psíquica, y consigue superar momentos desagradables, o simplemente aburridos, utilizando el ronroneo para relajarse. |